Nuestro mejor amigo el perro

Autor: Amigos Caninos Dosshir

ORIGEN DEL PERRO Y SU EVOLUCION


El perro domestico (identificado como la especie zoológica llamada
Linneo Canis Familiares y de la cual se cuentan, hoy, poco más de
trescientas razas oficiales distintas) pertenece al genero Canis, de la
familia de los canidos (dentro de la cual también se encuentran los lobos,
los zorros, los chacales, etc.), comprendida a su vez en el orden los
carnívoros. También esta clasificado en la subclase de los placentados o
placentarios (la misma a la que pertenece el hombre); dentro de la clase
de los mamíferos, los cuales forman parte del tipo de los vertebrados; en
el gran subreino de los metazoarios, o metazoos, es decir de los animales
pluricelulares. La escala clasificatoria del perro entre las criaturas que
habitan la tierra es, por lo tanto, la siguiente:
Reino: Animal.
Subreino: Metazoarios.
Tipo: Vertebrados.
Clase: Mamíferos.
Subclase: Placentados.
Orden: Carnívoros.
Familia: Cánidos.
Genero: Canis.
Especie: Perro domestico.
Los canidos se distinguen del resto de los carnívoros por la posesión
conjunta de una serie de características como son:

Sentido del olfato muy desarrollado, cuerpo y cola peludos, cabeza de
hocico pronunciado (con algunas excepciones) extremidades largas y
fuertes con cuatro dedos, y orejas grandes normalmente puntiagudas, se
trata de animales sociales y de inteligencia desarrollada, capaces de
cazar en manada, si bien algunos, como los zorros son solitarios.
Los animales carnívoros, dentro de la clase de los mamíferos,
aparecieron entre 38 y 54 millones de años, los depredadores carnívoros
se distinguen, fundamentalmente, por poseer unos dientes que sirven
originariamente, para triturar y masticar, y posteriormente para cortar la
carne.

En los millones de años que nos separan del comienzo del Terciario, era
geológica en que se produjo el triunfo de los mamíferos sobre los
reptiles, aparecieron sobre la tierra muchos canidos, de formas muy
diversas: algunos parecidos a osos, otros semejantes a hienas, otros,
incluso, mucho más similares a los gatos que a los perros; los hubo de
dimensiones minúsculas, así como verdaderos gigantes; es necesario
contar no menos de setenta géneros. De estos solo han sobrevivido
algunos, porque con el paso de los siglos, la mayoría fue desapareciendo:
todos los perros-osos, todos los perros-hienas, todos los perros-gatos.

De este modo, rastrear una filiación del perro con garantías suficientes de
certeza es poco menos que imposible, a pesar de que no faltan
orientaciones. Pero no es fácil discernir entre la multitud de animales
cuyos rasgos recuerdan, más o menos, a nuestro perro domestico.
La mayoría de paleontólogos reconoce al antepasado del perro en el
Cynodictis, que vivió en todo el Eoceno, hace entre sesenta y cuarenta
millones de años en Europa y Asia; hace unos treinta millones de años
solo en Europa; y del Oligoceno inferior al Mioceno inferior (alrededor de
unos veinticinco millones de años) en América del norte, en la forma más
evolucionada, llamada Pseudocynodictis, aunque siempre estrechamente
emparentada con el Cynodictis europeo.
No se conocen herederos europeos del Cynodictis; en cambio, en el
continente americano, hubo hallazgos provenientes de las formaciones
oligocenicas de White River (Dakota del Norte y del Sur, Nebraska,
Wyoming, Colorado) y de John Day (Oregón). Se trata de los animales ya
señalados, los pseudocynodictis, que tenían formas más modernas que el
Cynodictis europeo: dentadura con formula idéntica a la del genero Canis,
ampolla timpánica voluminosa, bien osificada y soldada por completo al
cráneo, etc.
Aproximadamente en el mismo lapso, es decir en el periodo que va del
Oligoceno inferior al Mioceno inferior, o sea durante unos diez millones
de años, también vivió en América del Norte otro perro, el Daphoenus,
que podría considerarse un extraño cruce de perro y gato, ya que el
aspecto general del esqueleto recuerda a un felino, pero la cabeza se
asemeja a la del perro o el lobo; según algunos estudiosos, mientras el
Pseudocynodictis preanuncia al zorro, el Daphoenus seria el precursor
del lobo; según otros, en cambio, los dos antiguos animales se habrían
extinguido sin dejar descendencia. Además, siempre en América del
Norte, vivió un tercer cánido, el Mesocyon, del que se conocen varias
especies: con sus zarpas, que ya no recuerdan las de los felinos más que
por algunos detalles secundarios y que parecen ya bastante adaptadas a
la carrera (aunque persisten los cinco dedos prensiles), podría enlazar a
los canidos del tipo Daphoenus con los actuales.
Nos aproximamos así, a nuestro perro. Muchos paleontólogos consideran
al Mesocyon como el antepasado directo de otros dos canidos de la era
Terciaria: el Cynodesmus, seguramente más evolucionado que todos sus
predecesores y que puede considerarse como el lebrel de aquellos años
remotísimos, el corredor por excelencia; y el Tomarctus, cuyo cráneo ya
se asemejaba al de las variedades caninas de hoy, también él buen
corredor y con aspecto de tejon, pelo espeso de color aleonado y larga
cola peluda.

El canis propiamente dicho (termino con el cual, además del can
domestico, se designa al lobo), el chacal y el zorro (es decir, todas las
especies pertenecientes al genero canis), aparecen en Europa, Asia y
África en el Pleistoceno, hace apenas un millón de años.
En Europa se han hallado innumerables restos de canidos del
Pleistoceno, descendientes de los antiquísimos animales ya
mencionados, y estrechamente emparentados con los canidos, entre ellos
el Canis falconeri, un lobo grande, poderosamente construido, dotado de
cuerpo potente, pero no muy feroz, quizá, y que solo se alimentaba de
carroña; su aspecto si era el del lobo, del que se le consideraba padre,
pero sus hábitos probablemente hayan sido de los de la hiena. Mas
próximo al chacal, por su aspecto exterior y sus hábitos, estaba, en
cambio, el Canis arnensis, del que se han hallado fósiles en Francia,
Alemania y Gran Bretaña. El lobo que Linneo denomino Canis Lupus,
apareció hace alrededor de cinco millones de años, siendo entonces un
carnívoro apenas mas pequeño que el lobo de hoy; formas mayores, aun
gigantescas, han sido halladas solo en estratos mas recientes,
pertenecientes al último periodo glacial, hace aproximadamente cuarenta
mil años.